Interpretar el cielo, leer las nubes y comprender los patrones meteorológicos locales son habilidades fundamentales que todo regatista debe cultivar.
La meteorología es quizá la disciplina científica más cercana al navegante. El mar es un laboratorio meteorológico en tiempo real donde las predicciones cobran una importancia vital. Saber interpretar los signos del tiempo es tan importante como dominar la maniobra.
Los mapas sinópticos muestran la distribución de las presiones atmosféricas a gran escala. Las isobaras, el gradiente bárico y la posición de los frentes definen el régimen general del viento para los próximos días. Este análisis a gran escala es el punto de partida de cualquier planificación de travesía.
Pero la meteorología local tiene sus propias reglas que no siempre coinciden con la previsión general. Las brisas térmicas costeras, que se establecen entre la tierra caliente y el mar más frío, pueden crear condiciones de viento completamente distintas a las del entorno regional. Conocer estos fenómenos locales es una ventaja táctica en las regatas costeras.
Las formaciones nubosas son un libro abierto para quien sabe leerlo. Los cúmulos de desarrollo vertical anuncian inestabilidad; el halo solar o lunar indica la aproximación de un frente; el rojo del atardecer tiene sus propias implicaciones según la zona geográfica.
Los instrumentos meteorológicos a bordo complementan la observación visual. El barómetro es quizá el instrumento más valioso: su tendencia horaria, más que su valor absoluto, es la información que permite anticipar cambios de tiempo con horas de antelación.
